Por encima de todo, la cama.
Las camas. El nido de todos. El sobre. El catre. La cama.
Veneración y admiración por todas las camas. Las negras, las blancas, las de matrimonio, las individuales, las elevadas, las que están en el suelo, las llenas de luz y hasta las opacas, las llenas de cojines y las llenas de mantas. Vida, amor y devoción por las camas.
Todas, sin excepción, sin prejuicio de tamaño o raza.
¿Alguien más se ha parado a pensar lo insultantemente importantes que son las camas?
La cama es, ni más ni menos, que el altar de nuestro descanso. La cama es aquel lugar de una casa donde empiezas el día y donde lo terminas. Qué importante tiene que ser para terminar y empezar ahí la jornada.
La cama. Cobijo de sueños, noches y mañanas. Qué bonitas son las noches y llenas de luz las mañanas y, cómo no, ahí está la cama. La cama es donde los niños saltan, donde los adultos copulan y los abuelos descansan. Lugar y cobijo para todas las edades sin discriminación ni farsas.
A ver quién no ha compartido más de un momento especial con su cama.
Es el rincón de la casa que más veces nos ha visto indefensos, tristes y cachondos.
Curiosamente los tres sentimientos que más entregados nos convierten. Y ahí está, cómo no, la cama.
La cama es un lugar donde comes, ves la televisión, tienes sexo e incluso trabajas. Todo, absolutamente todo, lo abarca tu cama. Es el santuario de los domingos y el agujero negro de los lunes. Es tu vida entera sobre una balsa.
Todo el mundo tiene una cama. Qué importante será si a nadie le falta. Lugar de reconciliaciones y de largas noches amargas.
Para todos. Incluso para los que nunca la han hecho y los que la hacen perfecta.
La cama, que fue tu barco cuando eras un niño, la única que te comprendía cuando eras adolescente, la primera que te vio en cueros con otra persona cuando eras joven, la que te permitió dormir con acompañante (qué mayor vínculo de confianza que ése), la que concibió a tu primer hijo, la que aceptó que durmieras con tu pareja, tu hijo y hasta el perro a la vez, la que te calmará los dolores cuando seas viejo e, incluso, la que despedirá a tu ser más querido. Y siempre estará ahí, tu cama.
Hecha o desecha pero, al fin y al cabo, tu cama.
La cama es, aunque no lo parezca, el centro de tu universo. Por no hablar de lo importante que es para tu salud, discursos científicos hay sobre las camas, y aún hay gente que no se las toma en serio.
Para ayudar un poco, este texto es el reflejo del pensamiento que reina en tu cabeza cuando estás de camino a casa después de una larga noche de farra.
Para todo y para los que tú quieras: tu cama.
Santuario de tu vida, tu cuerpo y tu alma.
























